Despertó poco después de que lo hiciera yo, y por fin pude responder un ''bien'' al preguntarme qué tal había dormido. Estuvimos un rato hablando hasta que su madre llamó a desayunar. Cuando terminamos comentó que ése día era la cabalgata de reyes, y de nuevo puso cara de perrito para que fuésemos.
-Porfaaaaaaaaa.
-Esta vez no me voy a hacer de rogar, porque de todos modos acaremos allí, pero aviso, yo en la cabalgata cuando un caramelo cae junto a mí como mucho le saludo, no pienso pasarme la tarde en el suelo, ¿vale?
-Ok!-dijo diligente.
Subí las escaletras después de él, y al llegar sólo me esperaba con su guitarra y un papel entre las manos, que como siempre me entregó sonriendo. Esta vez no conocía la canción, levanté la mirada queriéndo preguntarle, sólo contestó ''es de las mías''
La leí dos veces con su guitarra sonando de fondo antes de empezar, y salió desastrosa, claro que no se me podía pedir mucho. Después quise ponerme a hacer deberes, pero al sacar uno de los libros ví debajo la figura, y me dí cuenta de que había cambiado de forma ahora totalmente simétrica, pero aún parecía sostener una esfera en su punta. Me quedé embobada mirándola durante un rato, intentando entender alguno de sus surcos, descifrar su forma, pero nada salía en claro de la translúcida figura.
Cuando me rendí volví a mis deberes, conseguí terminarlos, al menos los que tenía pensado hacer poco después me fui a la ducha, aún no le tenía pillado el tranquillo al grifo y más de una vez la puse ardiendo sin querer. Esta vez no salió muy mal y conseguí mantenerla fría.
Salí arrecida, como de costumbre, me sequé el pelo un poco y dejé el baño, con la ropa que tenía pensada llevar a la cabalgata, ya puesta. Él entró poco después y mientras tanto, yo me quedé contemplando los dibujos de su pared, mientras me terminaba de ''secar'' el pelo con una toalla.
Cuando ambos terminamos ya eran sobre las cinco, así que salimos de camino al centro. Acabé sentada en el césped, intentando que nadie me pisara, y cogiendo los pocos caramelos que entraban en ''mis territorios'' Haylice siguió de pié, pero durante poco tiempo, al poco se giró hacia mí, me tendió la mano y me ayudó a levantarme sacándome a su vez de la muchedumbre.
-Bueno y ¿ahora qué hacemos?
-Aún queda mucha cabalgata.
-Ya, pero ya tenemos los caramelos justos para enseñar a mi madre y decir que hemos estado aquí toda la tarde. ¿Dónde quieres ir?
-El lugar no importa...
-Entonces ven, te enseñaré mi santuario.
Recorrimos varias callejuelas estrechas hasta llegar a una que no tenía salida escepto un pequeño carril al que se llegaba a través de unas escaleras my escondidas. Nos sentamos en el bordillo y de su maleta sacó un cuaderno de dibujo.
-¿Éste es tu santuario?
-Sólo el actual, cuando no tengo nada mejor que hacer busco lugares escondidos en los que dibujar, como incide la luz del atardecer en éste callejón me encanta, y ya que lo mío no es sombrear esto me ayuda a practicar.-Dijo abriendo su cuaderno.
Siete dibujos del mismo callejón, con una mejora progresiva del sombreado en cada uno de ellos. Le devolví el cuaderno sin encontrar aún las palabras que mis labios debían soltar sin ser las mismas que decía con todos los dibujos. Pero antes de decir nada un escalofrío me recorió todo el cuerpo.
-Vamonos.
-Em...vale-dijo levantándose y caminando hacia donde habíamos entrado.
-No, por ahí no, por aquí-señalando las escalerillas.
No le dí tiempo a contestar, le dí la vuelta agarrándole desde los hombros, y presionando un poco en su espalda le incité a andar, subí tras él, ya arriba, dispuestos a pasar por el carril. Entramos en él, y antes de continuar me giré viendo como alguien entraba en la calle. Aapreté el paso y él tuvo que hacerlo tambien para no ser atropellado por mí.
Llegamos al centro de nuevo tras varios minutos casi corriendo, ya bajamos el ritmo, y nos dirigimos a su casa caminando rápido, pero no demasiado. Al entrar en ésta saludamos a su madre y nos dispusimos a ''contar los caramelos'' ante ella.
Después, como es justo le intenté dar la explicación que le debía, aunque no era un argumento justo éso del escalofrío, pero sonó un poco más convincente cuando mencioné que al girarme ví a un hombre que creí identificar con el de la pelea.
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