Al rato me dí cuenta de que el profesor estaba junto a mí, observando los garabatos que había hecho en el papel. Me disculpé y saqué de inmediato un nuevo folio, intenté mostrar vergüenza, aunque dudo que me saliera muy bien, y pasé al remordimiento. El resto de la clase pasó como si nada, aunque no pude enterarme de nada de lo que se explicó, ya que yo estaba en mi lucha particular de emociones, inspiradas por Haylice, que parecía pasar de mí, pero que me atraía hacia él sobremanera. Terminó la hora, y salimos de clase, choqué con él, quizá a propósito, no entiendo cómo fue, pero al alejarse, las ganas de llorar que siempre permanecían ahí, afloraron creí que ésa vez no podría contenerme, así que corrí hacia el siguiente aula dejé la mochila y me fuí hacia la primera esquina que encontré, para sentarme en el suelo, y esperar a que las lágrimas cubrieran mis mejillas.
Qué desilusión la mía, cuando lo máximo que conseguí soltar fue un bostezo, ahora más que tristeza lo que sentía era frustración, ya que estaba a punto de estallar por dentro, pero por fuera no era capaz ni de explotar un poco.
Es cierto que siempre me ha costado exteriorizar mis emociones, pero ahora más que nunca, tan sólo podía mantener la desilusión en mi rostro, que a veces se mezclaba con una esperada indiferencia, de vez en cuando, creo que mostraba algo de tristeza, ya que alguien se atrevía a preguntarme qué me pasaba, pero nada en comparación con el dolor que me inundaba por dentro.
Además, sin motivos, estaba tan normal, y repentinamente me daban bajones, tan fuertes que lo único que quería hacer era acostarme y no pensar, o morirme durante un rato, como solía decir. Alguna que otra vez, tomé la posibilidad de tener una depresión, pero siempre la descartaba, no estaba tan mal...o al menos de éso intentaba convencerme.
Al parecer, cuando me levanté porque ya iba a empezar la siguiente clase tenía peor cara de lo normal, ya que varias personas consecutivas me preguntaron cómo estaba, Haylice me miró con cara de extrañeza, y Amy fue a darme un abrazo -que Mery frenó- Por lo demás, el día fue normal, pululé de una clase a otra cuando me tocaba, pensando en Aylín, y en Haylice, aunque a él intentaba quitármelo de la cabeza.
Y la tarde, al igual que casi todos los viernes, salía con Aylín, era curioso, cuando estaba sin ella no podía quitarmela de la cabeza, sin embargo cuando la tenía junto a mí era como si nada, pero ninguna preocupación invadía mi cabeza. Era agradable esa sensación, para mí, que le daba vueltas a todo, disfrutar del momento se me hacía casi imposible.
Al llegar a casa, como siempre, el vacío se incrementaba, decidí no prestarle mucha atención. Estudié un poco para mantener la cabeza ocupada, dibujé, y quise leer, pero se me hizo demasiado tarde y me estaba quedando dormida, por lo que me acosté.
De nuevo, padded jail, ya se había convertido en una...rutina, a veces incluso, cuando me aburría en clase imaginaba que estaba dentro, realizando una de las actividades extravagantes que había realizado en ella. Esta vez, yo estaba totalmente tumbada en el suelo, a lo que una figura se acercó a mí, apareciendo de entre las piezas de la pared, le identifiqué como haylice, pero en ningún momento le vi la cara, ni el pelo, ni nada, llevaba una túnica que le hacía parecer un desconocido. Me levantó casi sin agarrarme y me abrió en canal...-Sí, quizá este sueño fuera demasiado drástico- tras éso desapareció de nuevo entre los cojines que acolchaban la pared, y yo me quedé ahí de pie, como si nada, sólo que con un enorme agujero en el estómago...mi vacío.
Qué desilusión la mía, cuando lo máximo que conseguí soltar fue un bostezo, ahora más que tristeza lo que sentía era frustración, ya que estaba a punto de estallar por dentro, pero por fuera no era capaz ni de explotar un poco.
Es cierto que siempre me ha costado exteriorizar mis emociones, pero ahora más que nunca, tan sólo podía mantener la desilusión en mi rostro, que a veces se mezclaba con una esperada indiferencia, de vez en cuando, creo que mostraba algo de tristeza, ya que alguien se atrevía a preguntarme qué me pasaba, pero nada en comparación con el dolor que me inundaba por dentro.
Además, sin motivos, estaba tan normal, y repentinamente me daban bajones, tan fuertes que lo único que quería hacer era acostarme y no pensar, o morirme durante un rato, como solía decir. Alguna que otra vez, tomé la posibilidad de tener una depresión, pero siempre la descartaba, no estaba tan mal...o al menos de éso intentaba convencerme.
Al parecer, cuando me levanté porque ya iba a empezar la siguiente clase tenía peor cara de lo normal, ya que varias personas consecutivas me preguntaron cómo estaba, Haylice me miró con cara de extrañeza, y Amy fue a darme un abrazo -que Mery frenó- Por lo demás, el día fue normal, pululé de una clase a otra cuando me tocaba, pensando en Aylín, y en Haylice, aunque a él intentaba quitármelo de la cabeza.
Y la tarde, al igual que casi todos los viernes, salía con Aylín, era curioso, cuando estaba sin ella no podía quitarmela de la cabeza, sin embargo cuando la tenía junto a mí era como si nada, pero ninguna preocupación invadía mi cabeza. Era agradable esa sensación, para mí, que le daba vueltas a todo, disfrutar del momento se me hacía casi imposible.
Al llegar a casa, como siempre, el vacío se incrementaba, decidí no prestarle mucha atención. Estudié un poco para mantener la cabeza ocupada, dibujé, y quise leer, pero se me hizo demasiado tarde y me estaba quedando dormida, por lo que me acosté.
De nuevo, padded jail, ya se había convertido en una...rutina, a veces incluso, cuando me aburría en clase imaginaba que estaba dentro, realizando una de las actividades extravagantes que había realizado en ella. Esta vez, yo estaba totalmente tumbada en el suelo, a lo que una figura se acercó a mí, apareciendo de entre las piezas de la pared, le identifiqué como haylice, pero en ningún momento le vi la cara, ni el pelo, ni nada, llevaba una túnica que le hacía parecer un desconocido. Me levantó casi sin agarrarme y me abrió en canal...-Sí, quizá este sueño fuera demasiado drástico- tras éso desapareció de nuevo entre los cojines que acolchaban la pared, y yo me quedé ahí de pie, como si nada, sólo que con un enorme agujero en el estómago...mi vacío.
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