lunes, 27 de diciembre de 2010

(XXIV) Al suelo-.-

  Me sentía tan fuera de mí, yo jamás habría hecho eso, llorar en ''público'', haber estropeado un momento tan... bonito, y ¿¡qué hacia yo viviendo momentos tan bonitos!? alguien como yo, que encima acababa de salir de una relación fallida, con alguien como Haylice. En realidad no teníamos nada, pero éramos como el poco que completa el vacío del otro, la única persona con la que sentirse identificado. Bueno, en realidad no puedo decir que él fuese la última pieza de mi puzzle sin terminar, ya que a mi puzzle le faltaban todas las piezas, así que quizá el fuese la única que está totalmente colocada donde le toca.
    Supongo que lo único que echaba de menos de Aylín era tener a alguien al otro lado, saber que por muy mal que estés habrá un hombro a tu disposión. También estaban Mery, Ana y Amy, pero no era lo mismo, no se podía comparar. Pese a la fascinación que Haylice causaba en mí a veces, no sabía qué hacía con él. Y menos aún qué hacía él conmigo, pero bueno, mejor así.
    Mi madre me vió, al entrar con los ojos aún irritados, pero casi dando saltitos, y no quiso reprocharme la hora, ya que era algo tarde.  Pero me acerqué a darle dos besos y olfateándome  preguntó:
- ¿Con quién has ido?
-Haylice, un compañero de clase.
-¿Dónde habeis ido?
-A su casa.
-¿Le quieres?-preguntó repentinamente.
-Quizá-fue mi única respuesta, antes de comenzar a subir de dos en dos las escaleras.
    Cuando llegué a mi habitación me lo pregunté a mi misma, mientras colgaba el dibujo en la pared, pero antes de llegar a ninguna conclusión me dí cuenta de que tenía algo escrito por detrás:

Por el tiempo que perdimos
Que contigo, que sin ti
Por Tus bailes, tus salidas
Sólo tú eres así
por tus verdes ojos tristes
por tus ganas de llorar
eso es mucho más de lo que yo jamas podía esperar

¿Por donde andabas, dímelo, por donde andabas?
Te he buscado por la ciudad y no te encontraba
Hoy he enterrado aquellos besos, que regalé
Y ya no tengo que esperar
Perdido en la calle

Por tus guiños, tus manías
Y tu forma de mirar
Por los sitios, que nos vieron
Por los días que vendrán
Por tus noches
en mis manos
Porque ya te tengo aquí
eso es mucho más de lo que yo jamas podía pedir

¿Por donde andabas, dímelo, por donde andabas?
Te he buscado por la ciudad y no te encontraba
hoy he enterrado aquellos besos, que regalé
Y ya no tengo que esperar
Perdido en la calle

Por tus noches
en mis manos
Porque ya te tengo aquí

¿Por donde andabas, dímelo, por donde andabas?
Te he buscado por la ciudad y no te encontraba
hoy he enterrado aquellos besos, que regalé
Y ya no tengo que esperar
Perdido en la calle
Perdido en la calle
Perdido en la calle
Perdido en la calle
Perdido en la calle
   

    La lei como tres o cuatro veces, intentando encontrar un indicio de que no hablaba de mí, pero por mucho que buscaba me veía reflejada en cada uno de sus versos,- escepto en lo de los bailes- así que cerré la puerta y me dispuse a intentar buscarle una música apropiada, lo cual se me daba realmnente mal. Tras numerosos intentos uno de ellos me gustó, saqué las notas con la flauta y las apunté por si se me olvidaba.
    Bajé a cenar, mientras mis padres y mi hermano terminaban su sopa yo ya había acabado con la manzana así que les deseé que pasaran una buena noche y volví a mi ''retiro'' . Para poder colgar el dibujo en la pared, copié la letra, y al ir a pegarlo recordé lo que estaba a punto de hacer antes de ver la canción, acababa de responder a la pregunta de mi madre y me disponía a preguntármelo de nuevo.
    Así que me acosté con la cabeza sobre los brazos como de costumbre y me pregunté''¿le quiero?'' tras un rato analizando mis síntomas no llegué a ninguna conclusión clara, y acabé quedandome dormida.
    A la mañana siguientes mis padres me despertaron con la determinación de llevarme al campo lo cual me apetecía exceptuando el hecho de que me dolía todo. Me encantaba ir a caminar mientras mis padres se iban a ''abrazar árboles'' yo me adelantaba y me ponía a pensar. 
    Aún yendo hacia allí mi padre propuso buscar un camino nuevo, y así lo hicimos. Poco después de bajarnos del coche mi madre llamó entusiasmada para enseñarnos una seta, la cual fue objeto de las fotografías de mi padre durante un rato, que yo aproveché para huir.
    El camino era casi una senda, muy estrecha llena de ramas a los lados, pero tras finalizar una curva se ensanchaba, me dí cuenta de que era exáctamente igual al bosque de mi sueño. Sentí el impulso de cerrar los ojos, aunque dada la torpeza que me caracterizaba no quise hacerlo, pero por mucho que luché por mantenerlos abiertos acabé caminando a ciegas por el bosque. Cada vez tenía más seguridad en mí misma, y caminaba a más velocidad.
    Al rato percibí angustiada como mi pié tocaba algo blando de textura un poco nauseabunda. La impresión me hizo abrir los ojos pensando que había pisado lo peor, y descubrí aliviada que era un charco. Salí de él riendo entre dientes, pero algo apenada ya que los bajos del único vaquero decente que tenía habían quedado hechos un asco. 
    Continué andando, al cabo de un buen rato,  ya no se escuchaba nada, ni mis padres hablando, ni siquiera los pájaros, el único sonido que podía percivirse era el de mis pasos, pero no era el sonido del que anda normalmente por el campo, sino que sonaban como pies descalzos sobre marmol, aun así fui bajando el ritmo para no quebrar de nuevo el silencio.
    Cuando casi estaba parada pude ver escarcha al final de la curva que estaba cruzando, por lo que de nuevo alijeré el paso, me acerqué a uno  de los lados y cogí un pedazo de hielo, era alpino, ya que se atisbaban destellos azules en él. Hice una esfera, de unos seis centimetros de circunferencia. Noté que tardaba mucho en descongelarse, pero no estaba acostumbrada a la nieve ya que aqui nunca nevaba, por lo que no le di importancia.
    Al rato se me cayó el pañuelo, cuál fue mi impresión cuando al darme la vuelta para recogerlo me encontré con que todo a mi paso estaba helado, escepto los últimos dos metros hasta a mí, cuando bajé la vista a la bola que tenia entre las manos ví como una gotita comenzaba a desprenderse de ella, cayendo al suelo, lo que trajo con sigo que a su alrededor una onda se extendiese helando los dos metros que faltaban. De la impresión se me cayó al suelo, me arrodillé para recogerla junto con el pañuelo, pero quedando fascinada ante lo que para mí era la perfección en un paisaje, me arrepentí de no llevar un cámara conmigo.
     Lo único que podía hacer era agradecer que se me hubiese dado  la oportunidad de contemplar semejante estampa. Y dando gracias no sé si al cielo puesto a que no me llevo muy bien con él, o a Satán, me di cuenta de algo esencial. Me aferré a la esfera de hielo apretándola contra mi pecho y susurré: ''esto no es real''.
    Pude diferenciar la voz de mi padre: ''cariño tranquilízate, está allí'' y unos pasos que apresuradamente se dirigían hacia mí. Entonces sí abrí los ojos, y lo primero que hice fue comprobar si  los bajos de mis vaqueros, estaban manchados, pero no más que el resto de mi ropa, que yacía llena de tierra por la caida, pero no barro. Hincándose en mi pecho, una figura del ''hielo perpúetuo'', cristal, con una forma realmente curiosa. La guardé rápidamente en el bolsillo.
     Mis padres llegaron hasta donde estaba, y me ayudaron a levantarme, lo único que me había lastimado era el brazo, izquierdo como no, así que pude andar sin a penas dificultad, no me había dado ningún golpe en la cabeza, sin embargo estaba sin conocimiento, la explicación que dí a mis padres fue que fui a sentarme en el filo porque estaba cansada y  la tierra cedió a mis pies y acabé cayendo, y que a partir de ahí no recordaba nada más.



Aclaraciones: la canción es de taxi, perdido en la calle, pero se supone que en la historia la compone Haylice xD
y buéh en el dibujo no me he explayado xq es sólo para que os hagais una idea

No hay comentarios:

Publicar un comentario